Marcaban las 14 el reloj de mi celular. Lo mire con una mezcla de sensaciones. Faltaba una hora para que empiece y una mezcla de miedo, esperanza, frustración, y expectativa me retumbaba en el pecho. Puse el agua para unos mates y mi novia me miraba un poco desorientada. Sabia porque, pero creo que no llegaba a creer tanta emoción contenida por un juego. O tal vez si, y solo estaba preparándose para contenerme. Lo que si estoy seguro es que demasiados pensamientos encontrados especulaban miles de teorías, casi todas contradictorias entre si. Se hizo carne en mi por un rato la experiencia delirante del psicótico que construye una trama de persecución constante sobre si mismo…
- “No River no se puede ir al descenso. El fútbol ante todo se ha vuelto un negocio. Lo mueven la guita y los intereses políticos. Justo ahora! No… el gobierno no va a perder a uno de los clubes mas grandes, que mas hinchas tiene en todo el país, que mas rating genera, en el mismo momento en que ha podido sacarle el manejo monopólico de su televisacion a Clarín y lo muestra como uno de sus importantes logros. A parte se vienen las elecciones, y claro… no va a querer a 15 millones de argentinos tristes, deprimidos, y bajo un estado de emoción violenta.”
Enseguida aparecía el otro diablito que le contestaba:
- “Pero no!!! Clarín y todo la oposición van hacer lo imposible para que nos vayamos a la B! Imaginate, matan mil pájaros de un tiro… encima van poder televisar y rompernos la cabeza cuando los estúpidos de siempre quemen el monumental. Porque si, lo van a prender fuego esos imbéciles. Encima el forro de nuestro presidente tuvo que ir y pelearse con Don Julio y pedirle que renuncie!!! Justo con Don Julio que te da el beso de la muerte… No estamos muertos… cagamos.”
El reloj no para su andar y yo ya me había acomodado en la cama frente a mi LCD recién comprado en cómodas cuotas y me preparaba para disfrutar el partido en HD. Que digo disfrutar! Para sufrir como un condenado. Ma si, me voy a la mierda y no veo nada… para que carajo quiero sufrir por estos 11 pibes que no conozco, que están forrados en guita y mañana van estar de vacaciones en Hawai. Entonces la miro a ella que esta a mi lado y me acaricia como intentando calmarme un poco. Pero no puedo irme, no puedo escaparme justo ahora, y hacer como que no pasa. Entonces me prendo un pucho a pesar de que me había jurado no empezar uno hasta que empiece la batalla. Otra vez… repitiendo como un autómata lo que todos esos periodistas describen como una guerra.
Empieza el partido y a los 5 minutos gol de Pavone. A la mierda con todo. Lo grito como si hubiese ganado la lotería. Salto de la cama y se me caen unas lagrimas. Ahí esta, nos vamos a salvar! Y enseguida me prendo otro pucho. Este no lo fumo, lo consumo sin darme cuenta en un minuto como si fuese un suspiro. Entonces me prendo otro… y sufro, grito, puteo, me emociono, todo en una posición parecida a la del rezo, y eso que soy ateo. Y de pronto se confirma una de las teorías delirantes. El árbitro no nos cobra un penal clarísimo. Más claro que el agua como dicen todos. El diablito conspirador se ríe en mis hombros… “viste!, yo tenia razón.” A ese hombre lo insulte como pocas veces lo he hecho en mi vida. Es que era el 2 a 0 a los 30 del primero!
Finalmente luego del descanso donde el cuerpo me imploraba por un respiro, empieza el final de la muerte anunciada hace ya muchos años. (Porque digámoslo, esto se venia venir desde hace mucho. Como vaciaron al club y se fueron como ratas por tirante. Primero la década infame de Aguilar-Menen, y después el ocaso inevitable del gran capitán que no sabe que hacer, como Fernandito. Seguro que ahora vendrá el que se vayan todos y espero que resurja un el ave fénix aunque lo acompañe un poco de inflación) Como lo inevitable no pierde su costumbre de llegar en algún momento, el puñal de la desgracia no tarda en aparecer en un despeje mal hecho, un rebote y el empate. Ahí nomás, algo en mi ya sabia el final. Me resigno en la cama y ya comienzo a sentirme mal. Falta mucho me dice ella, pero yo ya lo sabía. Aparece el nudo en la garganta que acompaña todo el resto de la ya conocida película. La sensación de angustia y los ojos húmedos completan la escena. No falta el amor de ella que intenta consolarme en silencio y el frío de afuera que parece haber entrado por la ventana cerrada.
Me resulta casi imposible explicar como es posible tanta emoción por un juego, por un deporte, por unos colores. No soy un tipo de ir a la cancha pero si de sentir cuando esa bendita y maldita pelota gira. En estos momentos especiales resulta seductor dejar de creer en todo el circo. Dejar de sufrir por un simple espectáculo. Nada verdaderamente terrible sucedió en realidad como para tener que soportar esta incomodidad que invade hasta el cuerpo. Pasan un poco las horas, hasta cambia también el día y de a poco el aire se despeja un poco. Y entiendo que en realidad no quiero dejar de sentir esto. Que me encanta. Si eligiera, si es que esto es posible con la pasión futbolera, no sentir mas esta decepción, tampoco podría gritar nunca mas un gol o un futuro título y abrazarme con el cuerpo que esta a mi lado como si fuese el hermano de sangre que no tengo. No… Prefiero sentir, siempre sentir. Aunque también esto incluya cargar esta pena hoy.
Nicolas J. I. Fulle
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